Por Laura Mafud
Al proyecto de restauración de Villa Ocampo se suma una iniciativa par a digitalizar la obra de la escritora.
“A Victoria Ocampo, para que sepa que la quiero aunque no se si me quiere o no me quiere”. Pablo Neruda, Paris, 1977.
A escasa distancia del río de la Plata, en el partido de San Isidro, se alza – imperiosa, altiva, dinámica- Villa Ocampo, una bellísima construcción victoriana de 1891 que ofició de residencia de la inefable Victoria Ocampo durante sus ultimas cuatro décadas de vida. Diseñada por el padre de la escritora fue, en principio, una mansión de veraneo para la familia y se convirtió, con el correr del tiempo, en hospedaje de huéspedes ilustres. Cada una de sus fachadas, cuartos y bisagras, testigos fieles de los andares íntimos y profesionales de la creadora de la revista Sur, busca recobrar el esplendor del siglo XX.
Durante la ultima etapa del proyecto de restauración, y mientras sus puertas están abiertas al publico, la digitalización de la obra literaria y periodística espera develar partes de los apasionantes vínculos que moldearon la vida de Victoria Ocampo. Es que, en cuestión de meses, los contenidos serán digitalizados y el material estará disponible en la web –cuya consulta será libre y universal- como parte de Herritage Trust Project, un programa de preservación del patrimonio cultural que lleva adelante EMC, una compañía dedicada a la administración y almacenamiento de la información que facturó u$s 13.200 millones en 2007 y que emplea a 37 mil personas.
Villa Ocampo, una bella mansión con influencia francesa, resultó ganadora, junto a otras seis entidades (ver recuadro) del concurso organizado por EMC. “Recibimos más de 325 postulaciones a nivel mundial y 24 desde Argentina”, explica Laura Castelli, gerente de Marketing para el Cono Sur de la firma. El premio consiste en la donación de un subsidio de u$s 15 mil. El objetivo de esta iniciativa –que ya se está implementando en instituciones como el museo Smithsonian (Washington, Estados Unidos), la biblioteca John Fitzgerald Kennedy (Boston, Estados Unidos), la biblioteca Herzogin Anna Amalia (Weimar, Alemania) y el complejo Yad Vashem (Jerusalén, Israel)- se centra en lograr que archivos históricos y objetos culturales sean de fácil acceso global. Por ese motivo, unos 12 mil libros que supieron pertenecer a la escritora –además de mil periódicos, fotografías, cartas e incluso papeles personales- serán recuperados físicamente: “Estamos haciendo un trabajo de conservación que implica la limpieza profunda, hoja por hoja. También eliminar insectos y reparar unos 3 mil libros, con el objetivo de complementar la restauración sobre unos 8 mil más”, cuenta Nicolás Helft, director Ejecutivo de Villa Ocampo. El primer paso será, justamente, estudiar la historia unas 1.500 unidades, de las que se digitalizarán unas 2 mil paginas con las marcas, correspondencias y manuscritos apuntados oportunamente. “A través de estos ejemplares es posible vislumbrar el tipo de relación que Victoria mantuvo con pensadores como Jaques Lacan o Virginia Wolf”, ilustra Helft. De este modo, por ejemplo, se podrá reconstruir parte del vinculo que unió a la escritora con representantes de la cultura como Albert Camus –quien, de hecho, fue alojado en la casa en tiempo en los que había sido proscripto por el peronismo- e Igor Stravinsky, quien compuso una obra especial para Victoria. Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Alejandra Pizarnik son algunas de las plumas que dejaron su marca en los libros de Ocampo. ¿El dato más curioso? “Nunca habíamos sospechado que Victoria podía tener contacto con el surrealismo hasta que nos encontramos con libros y revistas esotéricas”, destaca Helft.
Esta iniciativa de conservación patrimonial se enmarca en el proyecto de restauración de Villa Ocampo, que se inició en 2003 y espera concluir a fin de año. Al momento, demandó una inversión cercana a los $2 millones y parte de los fondos se obtuvieron por contribuciones de la Secretaria de Obras Públicas de la Nación, fondos de la Unesco y de la Asociación de Amigos de Villa Ocampo, además de donaciones privadas. Con miras a convertirse en un escenario de cultura y esparcimiento, la Villa quiere transmitir el espíritu propio de su época. Y el trabajo de restauración busca ser fiel a ese concepto. De esta forma, se blanquearon íntegramente sus interiores para otorgarle mayor luminosidad, las salas históricas de la planta baja mantuvieron el mobiliario original y el sótano y mansarda fueron recuperados bajo el parámetro original. En tanto, el antecomedor fue transformado en una cafetería-galería donde se exponen retratos de escritores argentinos realizados por el fotógrafo Pepe Fernández y varias habitaciones el primer piso albergarán proyectos culturales de la Unesco. Con todo, una de las tareas más minuciosas se realizó en los empapelados de los baños, firmados por artistas franceses. Algunos trozos se rescataron, se digitalizaron y, tras dos años de pruebas de impresión, finalmente se dio con la técnica y el color adecuados y se logró una reproducción exacta.
“En los próximos meses vamos a habilitar la biblioteca, aunque aún falta terminar el ultimo piso”, adelanta Helft. El jardín, en tanto, es uno de los hacedores del regreso de la belle époque. Con el viejo eucalipto como fiel espectador –Victoria gustaba tomarse una fotografía con cada uno de sus invitados a con aquel árbol de fondo- , Villa Ocampo es un rincón distintivo para concretar un viaje en el tiempo.


